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Valle Karê: La “piscina” de Madame Lynch que no fue

Cada diez metros, Germán Barbotte agarra una planta que encuentra en el camino y habla sobre la propiedad curativa que tiene. “Este es el famoso cola de lagarto. Es especial para cicatrizar heridas”, dice mientras corta la hierba a punta de machete y sigue caminando.

Barbotte, de 46 años, hace de guía para nuestra travesía de conocer una parte del Cerro Patiño y llegar hasta nuestro objetivo; un arroyito de la zona que, según la leyenda que tienen en Valle Karê, era el lugar donde Madame Alicia Lynch, la compañera del Mariscal Francisco Solano López, utilizaba para bañarse en cada visita que hacía a su quinta de Patiño.

Barbotte es electromecánico y trabajó hasta hace un par de años en la Ande, cuando sufrió un accidente laboral. Se le cayó un poste de Karanday –que estaban colocando como columna de emergencia– sobre el hombro izquierdo, lo que le dejó una luxación.

Sin embargo, nunca se recuperó por completo, a pesar de que siguió en su momento tratamiento, pero finalmente no se operó. Desde entonces, se dedica a tareas menores o “changas” como albañilería o pinturería.

La casa de Barbotte descansa a los pies del cerro, de modo que, para subir a la colina, basta con avanzar unos metros y adentrarse en la vegetación, sorteando un par de alambrados –gran parte del cerro hoy día es territorio privado– para luego caminar, por lo menos 40 minutos, hasta llegar a la naciente del agua.

 

Barbotte va acompañado de su pequeño sobrino Matías, de 9 años, que conoce igualmente todo el trayecto. Le pregunto al niño si viene seguido. “Sí, pero de noche no, porque tengo miedo”.

La plancha de Dios

Camino a la “piscina”, caminando entre las rocas por el costado del arroyito, en un momento de la caminata, Barbotte se detiene y me muestra una enorme piedra.

“Acá, según la leyenda, los indígenas sacrificaban a sus rivales, sobre esta piedra. Por eso se le conoce como la plancha de Dios”, explica. Históricamente no se tienen registros de algo de esta naturaleza, pero Barbotte está convencido. Creció con esa versión y es, a su modo de ver y entender, lo que hace de su valle un lugar místico e histórico.

Tras el paseo, llegamos hasta el punto buscado. La naciente de agua está reducida prácticamente a un charco, pero se nota que, en un tiempo atrás, había agua en el lugar.

“Antes, uno podía entrar hasta la mitad del cuerpo, ahora está todo sucio, hace rato no se limpia, no se saca la arena”, explica Barbotte y añade, además, que cuando uno visita el lugar, debe tomar el agua porque tiene propiedades curativas.

Según Barbotte, él estaba a punto de perder la vista hasta que vino una vez, se lavó la cara con esta agua, se limpió los ojos, y recuperó la visión perfectamente.

La cuestión académica histórica

Para determinar si el relato de Barbotte, como una leyenda de su pueblo puede tener algún sustento real y académico, consulté con la historiadora Ana Barreto Valinotti. Como quiere Roberto “el negro” Fontanarrosa con los textos, Barreto Valinotti fue directa y de un golpe a los dientes y sin pensarlo, desbarató aquella hipótesis: “Se me hace muy difícil imaginar a una mujer como ella quitándose el corset, el corpiño, los dos vestidos íntimos, las medias de seda, más el vestido de arriba, y luego atender con los alargues de pelo que usaba para tirarse a un arroyito a bañarse”, explica la historiadora.

Barreto Valinotti escribió el libro “Alicia Elisa Linch”, de la colección “Los protagonistas de la historia” de la editorial El Lector.

Es una estudiosa sobre la presencia de Lynch en nuestro país y su relacionamiento con el Paraguay. Si bien reconoce que, efectivamente, la quinta que usaba la compañera del Mariscal López estaba en la zona, resulta improbable determinar si realmente utilizaba un arroyo de la zona, teniendo en cuenta, principalmente, los vestidos de la época y la forma en que Lynch se manejaba.

“Muchas memorias de la época hablan o describen situaciones en esa casa y las actitudes propias de Elisa, una mujer poderosa, calculadora, inteligente”, expresa Barreto Valinotti.

En el recorrido con Barbotte, encontramos varias excavaciones. Cerca de la naciente de agua está un enorme árbol de Kurupa’y guasu donde se encuentran al menos tres pozos importantes.

La leyenda dice que el Mariscal y sus hombres escondieron tesoros por la zona, entonces hasta hoy día, mucha gente va a probar suerte.

Sobre este punto, Barreto Valinotti da más chances al relato del lugareño. “Los tesoros le quitan el sueño a la gente”, expresa y añade que eso tiene que ver con que muchos historiadores no quieren divulgar que, en realidad, López y Lynch enviaron cofres de oro clandestinamente al extranjero, en plena guerra.

Si bien desde lo académico e histórico, la presencia de Lynch en el arroyo es poco probable, el relato de Barbotte refleja la creencia de todo un pueblo. La convicción con que añade cada detalle, en cada lugar que recorremos, es viajar al Paraguay profundo. Al de las historias fantásticas, al de las leyendas míticas que se mantienen en la memoria de la gente.

 

Fuente: lanacion.com

 

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