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El final de una época

La noticia indicaba que comisión directiva del 12 de Octubre, reunida en sesión el pasado miércoles 23 de marzo, por unanimidad; había decidido renombrar el campo de juego del club, que ahora pasará a denominarse Estadio Luis Alberto Salinas Tanasio.

El cambio ha generado opiniones tanto a favor como en contra. Algunos argumentan que es un merecido homenaje al ex presidente del club e intendente de la ciudad; en tanto otros sostienen que el propio Luis Salinas hubiera rechazado el homenaje, a fin de salvaguardar la memoria de tantos dirigentes que han trabajado para la institución a lo largo de un siglo.

Cabe señalar que este tipo de discusiones en torno al escenario de juego albiazul no son algo nuevo, pues hurgando en la historia, casi sesenta años atrás, la opinión de los socios y simpatizantes estaba dividida en torno al traslado de la cancha; de su primigenia ubicación hasta su actual emplazamiento en la compañía Ybyraty.

No pretendemos polemizar acerca de si la decisión asumida es acertada o no. En cambio, presentamos un poco de la historia de las canchas que el "12", a fin sumar argumentos a esta discusión, para que de este modo, cada lector pueda sacar sus propias conclusiones.

El primer escenario

Durante cinco décadas, el entonces denominado 12 de Octubre Foot Ball Club ofició de local en la cancha del barrio San Isidro, situada frente al cementerio municipal, lugar donde se asienta la actual plaza Martín de Barúa.

El club se instaló allí poco después de haber sido fundado, cuando la novel comisión directiva encabezada por Don Miguel Aldama resolvió utilizar un terreno baldío al costado sur de la residencia Tanasio, entre las modernas calles Virgen del Rosario, Bernardino Caballero, Mayor Vera y Curupayty. Dado que la institución no contó con personería jurídica, sino hasta 1955; no fue posible gestionar el título correspondiente, razón por la que el escenario continuó en condición de terreno fiscal.

Como es de suponer, la precariedad fue una constante que caracterizó a esta instalación deportiva: su rectángulo de juego estaba cercado con pencas de cocotero (el “quinchado de mbocajá” utilizado aún en las canchas del interior, inclusive en algunos clubes de la Liga Itaugueña), el gramado era irregular y áspero, no había agua corriente ni energía eléctrica y las comodidades para los aficionados se limitaban la fresca sombra de los árboles cercanos.

Observemos que el recinto no llegó a contar con una denominación oficial, pues en aquel tiempo y en nuestra ciudad, aún no eran considerados de relevancia ese tipo de detalles. Otro hecho significativo es que a unos 300 metros de allí estaba ubicada la cancha del Club Olimpia, lugar donde ahora se erigen las dependencias de la Municipalidad de Itauguá; lo cual incentivó la rivalidad entre ambas instituciones, primero a un nivel barrial, para posteriormente constituirse en el auténtico clásico de la Liga Itaugueña de Fútbol.

El solitario busto del Barón Martín de Barúa se erige en medio de lo que fuera el primer campo de juego del 12 de Octubre.

En resumen, la primitiva cancha era pequeña, sin gradas y de reducido aforo, aunque estaba estratégicamente ubicada cerca del casco urbano. No obstante, con el paso de los años quedó en claro la necesidad de contar con un predio de mayores dimensiones. Con esta idea, en 1947, la comisión directiva presidida por el Cnel. Felipe Santiviago, había adquirido un terreno de 3 hectáreas, propiedad del Sr. Victoriano Aldama, por la suma de 2000 Guaraníes de la época.

Pero la simple idea de mudarse a una zona alejada del centro y poco poblada, provocó el rechazo inicial de caracterizados socios; inclusive de los adeptos del tradicional rival, que se mofaron diciendo que pronto el "12" se convertiría en un "club de campaña". Hay quienes aún recuerdan un cartelón que durante años estuvo colocado frente a la Ruta 2, con la frase "Futuro estadio del Club 12 de Octubre", en tanto se seguía discutiendo acerca del traslado de la cancha hasta ese sitio. Finalmente, esto no fue impedimento para que el proyecto se hiciera realidad, marcando un hito en la historia del club y del deporte itaugueño.

A principios de la década del 60, con el incremento poblacional de la ciudad, y la subsecuente apertura de nuevas unidades habitacionales en las adyacencias de la vieja cancha, quedaban ya en evidencia las dificultades para la realización de los lances deportivos en las reducidas dimensiones de la misma. Ya en 1955 había sido inaugurada la sede social sobre la Ruta 2 y Victoriano Aldama (hoy en día ocupada por el edificio San Antonio), en la esquina opuesta a las actuales instalaciones de la sede “Don Félix Tanasio”. Este importante avance, además del mayor nivel de competencia exigido con el ingreso a la Liga Central de Deportes, motivó que la dirigencia albiazul ideara el cambio del escenario a un terreno que reuniese condiciones más adecuadas para la práctica del fútbol.

Finalmente, el proyecto del campo de juego en Ybyraty comenzó a tomar forma, marcando así un hito en la historia del club y del deporte itaugueño. De este modo, se dio origen al reducto popularmente conocido como el “Canuto” Pettengil.

Estadio Juan Canuto Pettengill

El terreno en cuestión era pedregoso y tenía una pronunciada pendiente que lo hacía impracticable para la actividad deportiva. Esto no desanimó a aquellos visionarios dirigentes, que pronto pusieron manos a la obra para concretar las aspiraciones de disputar los partidos en un estadio propio.

El relleno de la pista de juego fue una empresa que requirió de grandes esfuerzos, aprovechándose el desnivel para extraer material necesario. Para el año 1965 ya se había habilitado el campo de juego, de manera provisoria, aunque la construcción de la muralla perimetral, las graderías y los vestuarios duró alrededor de una década.

Equipo de 1965, uno de los primeros en oficiar de local en el Canuto.

A falta de gradas, los aficionados alquilaban sillas o bien aprovechaban  los afloramientos de rocas  para observar mejor los primeros juegos que el “12” disputaba en el escenario. Varios árboles fueron plantados para brindar alguna protección en las tórridas jornadas de domingo, uno de los cuales fue llamado “El gran jefe” por su porte y altura.

Gracias a la iniciativa del socio vitalicio Don Ángel Acosta se logró construir el primer bloque de graderías, en el sector de preferencias. Éstas fueron, probablemente, las primeras gradas hechas de material cocido en toda la ciudad y pronto recibieron el jocoso nombre de "el gallinero", pues estaban cercadas por un tejido perimetral.

Este conjunto de graderías fue posteriormente ampliado la presidencia de Sr. Juan Canuto Pettengill, hasta que la estructura adoptó la forma de “L” invertida que por mucho tiempo caracterizó al estadio. Fue su hijo, el Ing. Juan Hamilton Pettengill, quien en ese momento estaba al frente de la cartera de Obras Públicas, el que facilitó las maquinarias requeridas para los trabajos. Su tesonera labor se vio truncada por su repentino fallecimiento, según se dice, en momentos en que se disponía a iniciar las obras para la gradería sur y el sector de plateas.

En homenaje a ambos, el estadio recibió la denominación de “Juan Canuto Pettengill” en 1972, en tanto que el sector de plateas lleva el nombre del Ing. Juan Hamilton Pettengill, desde su construcción el año 2004.

Vista de la tribuna "Ing. Juan Hamilton Pettengill" y la gradería ecológica " Doña Zadi Tanasio de Salinas".

A lo largo de las décadas del 70, 80 y parte de los 90's, el "Canuto" Pettengill fue escenario de las conquistas obtenidas por el cuadro azul y blanco. Albergó en su gramado, desde el pentacampeonato del 85 al 89 en la época del monopolio docista, hasta el torneo Juventud de América que la Conmebol organizó en nuestro país, en 1992, que lo colocó en el predicamento internacional. Pero no sería sino hasta 4 de octubre de 1997, cuando se desataría el primer alegrón de la parcialidad itaugueña, con la consagración del 12 de Octubre en la categoría Intermedia, que le posibilitaría jugar en la División de Honor por primera vez en 88 años de existencia.

Luego de varias temporadas en Primera Divisón, el reducto empezó a ser llamado “Cementerio de los elefantes” por la prensa deportiva, en analogía al estadio Brigadier Estanislao López del club Colón de Santa Fe, pues en él, el 12 de Octubre se hacía fuerte ante los equipos denominados “grandes”.

El 3 de noviembre de 2002, las abarrotadas gradas del estadio fueron testigos de único campeonato logrado por el Globo Itaugueño en el torneo mayor de la APF, tras vencer a Guaraní por tres tantos contra dos, en un partido que adquirió ribetes dramáticos y se disputó en condiciones climáticas imposibles; lo que a la postre no fue impedimento para que los festejos se prolongaran durante toda la noche en la ciudad.

Momento en que se concreta el cambio de nombre del estadio (30/03/16).

Los recursos obtenidos gracias a las tranferencias de Salvador Cabañas y Darío Verón posibilitaron en 2003, la construcción y apertura de las tribunas del sector este, con el equipamiento de la sede de concentración para los atletas.

Otro logro transcendenal fue instalción de la lumínica, que fue inaugurada oficialmente el 11 de abril de 2004, en la 9º fecha del Torneo Apertura, en un partido contra el Sportivo Luqueño queconcluyó 0 a 1 a favor de los auriazules. Sin embargo, los focos ya había sido encendidos de forma parcial el 29 de marzo anterior, durante la victoria de 3 a 1 frente a Sol de América.

En 2014, año del centenario albiazul, quedó inaugurado el sector de graderías ecológicas "Doña Zadi Tanasio de Salinas", bajo la administración del recientemente desaparecio Luis Salinas, con lo que su aforo aumentó a 10.000 espectadores. Por ello, en la actualidad el "Canuto" es el mayor estadio de Itauguá y uno de los importantes escenarios dentro del fútbol paraguayo, habiendo siendo utilizado por otros clubes para oficiar de local tales como Nacional, Sportivo Carapeguá, General Díaz, Deporivo Santaní y el Sportivo San Lorenzo.

Epílogo

Con la desición adoptada por la directiva y la rúbrica de la nueva denominación en el estadio docista, se cierra un época que abarca 50 años desde los primeros encuentros jugados o allí, o bien de 40 años tomando en cuenta la anterior denominación de Juan Canuto Pettengill. Jornadas de emoción, alegrías, tristezas, broncas y todo tipo de vivencias quedan aprisionadas en los rincones de las gradas, en sus vestuarios o en el verde césped. Esa es la escencia del fútbol, ese deporte que tanto amamos y que puede darnos tan diversas sensaciones.

La historia del 12 de Octubre seguirá escribiéndose en el rectángulo del ahora denominado Estadio Luis Alberto Salinas Tanasio. Aunque habremos algunos hinchas que lo llamaremos aún, nostálgicamente, "El Canuto".

 

 

Fuente:

Pedrozo, Dr. M. C., (1994).4 Eras de la historia de Itauguá. Asunción: Artes Gráficas Zamphirópolos.
Agradecimiento especial a Don Ángel Acosta por los datos brindados.
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